ETIMOLOGÍAS EN TORNO A LA ODISEA (III)

ETIMOLOGÍAS EN TORNO A LA ODISEA (III)

La amenaza se cumple. Esta es mi tercer entrega de Etimologías en torno a la Odisea.

Me he divertido mucho escribiendo estos pequeños (o no tan pequeños) textos de exploración etimológica. Y es que, en mi humilde y profana opinión, Christopher Nolan es el Umberto Eco del cine. Ya sé que habrá quienes me lapiden por esa sentencia, pero es que me envuelve la erudición precisa del lenguaje que tienen ambos, cada uno en su campo. Pueden encontrar los dos anteriores publicados aquí mismo en mi perfil de Facebook. Aunque, si no recibo ningún insulto, me animaría a publicarlos en alguna otra plataforma más formal ¿qué dicen ustedes?

Podría hacer has 3 textos más. Pero he decidido unir 3 étimos en un solo artículo para no ser tan cansino y no abusar del tema. Hablemos de 3 palabras o étimos que encontramos en la Odisea y que, ellas mismas, se me antojan como una ruta o camino, para regresar a casa.

Empecemos por νόστος (nóstos). Normalmente se traduce como «regreso». Pero es más que eso, tiene más que ver con volver a ser quien uno era. Odiseo viaja, en ese viaje arquetípico de regreso a casa. Muchos siglos después, en 1688, el médico suizo Johannes Hofer acuñó una nueva palabra para describir una enfermedad médica y mortal que afectaba a los soldados suizos que sufrían por la lejanía de su hogar. Hofer combinó dos raíces griegas: nóstos (regreso), el de la Odisea, y álgos (dolor). Así nació la nostalgia. Ese dolor por no poder regresar a lo que consideramos hogar.

¿Pero regresar a dónde? Ahí aparece la segunda palabra de nuestra ruta: οἶκος (oîkos). Traducimos oîkos como «casa», aunque los griegos entendían mucho más que un edificio. El oîkos era la familia, el patrimonio, la memoria, el lugar donde alguien conocía tu nombre antes de que llamaras a la puerta. Odiseo no lucha únicamente por recuperar un palacio, lucha por recuperar su lugar en el mundo. Solo imaginemos abrir la cerradura de la casa, luego de un largo viaje, empujar la puerta, escuchar el viejo chirrido de las bisagras, entrar y oler ese aroma único y característico del lugar donde nos sentimos seguros. Es dejar de buscar. Es, por fin, estar en nuestro lugar.

Hay otra palabra demasiado importante en la Odisea y que, quienes vean la película la van a encontrar fascinante. Quien abandona su oîkos inevitablemente se convierte en ξένος (xénos). Puede significar tanto «extranjero» como «huésped». De esa misma raíz es ξενία (xenía), la hospitalidad sagrada que encontramos en toda la Odisea. El poema nos dice que una civilización se destaca más por la forma en que acoge al extranjero, al migrante, que por el trato a los poderosos y famosos que la habitan. En estos días de mundial de fútbol, en el que tanta polémica han causado las selecciones europeas llenitas de color, menos pálidas, menos blancas, vemos una contradicción horrible. Por un lado el aplauso a sus héroes venidos a Europa hace solo una o dos generaciones. Casi como el aplauso de los romanos a sus gladiadores esclavos venidos de afuera. Y, al mismo tiempo, la idea de que ellos, que son nacidos en España, Portugal, Francia o Bélgica, son menos españoles o menos franceses solo por el color de su piel. Y peor todavía, el mundial que se desarrolla en una tierra que arresta y criminaliza al extranjero, que secuestra a menores de edad, que separa familias, el presidente de ese mismo país que se empeña en entregar la copa con una sonrisa casi macabra. Este tiempo de auges racistas y de coros ultra requiere de la Odisea y del regreso de la ξενία (xenía). Dicho sea de paso, de la misma raíz de xenia es que nace nuestra palabra xenofobia y, aunque no comparten raíz, ella nos recuerda otra muy parecida que nace de génos (raza, pueblo o tribu) de la que tenemos genocidio.

El tercer y último étimo de hoy es πολύτροπος (polýtropos). No, no se trata de un policía con un trompo. Literalemente se traduce como muchos giros. Es uno de los apodos más famosos de Odiseo. Se le describe como un polýtropos. Un hombre de muchos giros o posibilidades. Pensemos en nosotros mismos. Como decía Neruda “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Nadie llega a viejo siendo exactamente la misma persona. Emprendimos un viaje largo y en él luchamos por construir lo que consideramos nuestra casa, nuestro hogar. Pero al llegar a lo que creemos que es nuestro hogar, ya nosotros no somos los mismos. Todos hemos tenido que aprender otros idiomas, hemos tenido pérdidas, múltiples trabajos, despedidas, hemos mutado y hemos sido muchas versiones de nosotros mismos. Todos nos hemos visto obligados a cambiar de rumbo más veces de lo planeado, si es que teníamos algún plan. “Cambia, todo cambia” cantaba Mercedes Sosa la canción del chileno Julio Numhauser y remataba: “Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.

ETIMOLOGÍAS EN TORNO A LA ODISEA (II)

21 de julio de 2026

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